Se busca traductor para agencia de viajes

“Tareas a realizar: atención al cliente, gestiones en organismos públicos (notarías, ayuntamientos…), traducciones de inglés a español y de español a inglés, labores de secretariado y administración, acompañar a turistas y traducir las explicaciones del guía…”

Un momento, que esto sigue:

“Requisitos: mínimo 2 años de experiencia en el sector, ser bilingüe, estudios mínimos de bachillerato. Se valorará el conocimiento de otra lengua extranjera”.

Y como broche de oro:

“Remuneración: 800 € brutos/mes”.

Esta oferta de trabajo es un híbrido fidedigno de lo que he tenido el placer de encontrarme esta mañana mientras echaba un vistazo a las vacantes para traductores en España (no, no se me ha quitado la manía aún).

Desconcertante, exasperante, descorazonador e irrisorio. Y aquí, vayamos por partes:

DESCONCERTANTE. Después de haber estado atareada los últimos seis días con 10.200 palabras en el ámbito de la neuropsicología, una cosa que he aprendido es que cuando nuestros sentidos captan cualquier tipo de estímulo y este llega a través de los nervios hasta el cerebro, nuestro órgano pensante lo procesa inmediatamente relacionándolo con la información de la que ya dispone y, entre otras cosas, conforma una primera idea de lo que puede venir a continuación. Es decir, “nos prepara para lo que venga”.

Si a través de los ojos de un traductor llega hasta su cerebro un estímulo que lee “se busca traductor…”, para este sujeto quedan clarísimas las implicaciones que este enunciado tiene. Pues bien, una vez que el traductor en cuestión ha leído y procesado el título, que  su cerebro elabora una idea y prepara las neuronas para lo siguiente…¿lo siguiente?, ¡shock!

Este tipo de ofertas de empleo nacidas del desconocimiento y la ignorancia, no sólo afectan al traductor, que se siente engañado y estafado, sino que también va en detrimento de la propia empresa, ya que no sabe lo que necesita, y por ende, cuenta con menos posibilidades de poder encontrar al candidato adecuado, lo cual repercutirá en la calidad de los servicios que ofrezca y, en última instancia, en su productividad y sus ingresos.

EXASPERANTE. Una vez que el cerebro del traductor ha salido del estado de desconcierto y, al mismo tiempo, las neuronas se han enterado de qué va la historia, comienzan a emerger de las entrañas del susodicho la rabia y la irritación.

Cuatro años de sacrificio universitario (…), cuatro años perfeccionando, no ya tus lenguas extranjeras, que eso resulta evidente, sino tu propia lengua materna; porque debe ser “por ti” y no por “por tí*”, porque es “cuanto menos” y no “mientras menos*” o (perdonad la osadía de mencionarlo) “contra menos*”… porque puede ser “solo” o “sólo”, pero siempre que no sea “estar solo”… En definitiva, cuatro años preparándote para salir con un título que te da licencia para traducir seguir formándote en el ámbito de la traducción y, cuando te dispones a buscar las primeras oportunidades, te encuentras con este tipo de ofertas de trabajo…

…DESCORAZONADOR. Por todo lo mencionado en el párrafo anterior y porque España está sumida en una situación que no merece y de la que, si no empezamos por ocuparnos de estos pequeños detalles, no podrá salir nunca.

No podrá salir nunca si no aprovecha y maximiza el rendimiento de las capacidades de lo único que tiene: sus ciudadanos. Los cerebros, ávidos de deseos de poder ejercer la pasión para la que nacieron -o simplemente, de poder seguir comiendo-, seguirán fugándose; y el enchufismo y la endogamia regirán eternamente en muchas instituciones públicas y privadas, donde “a menudo” no se atiende a las capacidades de las personas y las exigencias de los puestos que se cubren.

IRRISORIO. 800€/mes… Traductor-secretario-intérprete-guía turístico-recadero, con experiencia en el Multisector (¿?), -el detallito del título de bachillerato vamos a obviarlo-, -el bilingüismo, también- , y conocimientos de otros idiomas extranjeros. TODO, ¿por 800 euros brutos al mes?

Esto no tiene nombre, señores, no tiene nombre.

Cumplo con mis obligaciones de contribuyente, pago Seguridad Social y un par de impuestos más, y ya se van 250 €; con suerte mi cuerpo no precisa de muchos nutrientes y dejo en el supermercado sólo 200 €; cumplo con mi contrato de arrendamiento y le doy a la casera 300 €, y aún me quedan 50 para “salir de paseo”… ¡Qué afortunada soy!

En fin, sólo nos queda no resignarnos, tratar de hacer todo lo que esté a nuestro alcance y participar activamente siempre que podamos. Y, puesto que el resultado es mayor que la suma de sus partes, entre todos acabaremos consiguiendo, por un lado, sacar a España de este hoyo y, por otro, subir a la figura del traductor al pódium que merece.

Schönen Feierabend, y ¡feliz fin de semana!

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But also a freelance translator…

Nueve meses y medio parece haber durado la gestación de esta segunda entrada, y, entre entrada y entrada, como era de esperar, muchas cosas han cambiado.

Tras doce cortos e increíblemente productivos meses en la empresa de traducción en la que trabajaba, a finales de mayo me despedí de mis queridísimos compañeros para subir un peldaño en mi carrera profesional y dejar de ser gestora de proyectos y traductora para adquirir el “nombre artístico” de: traductora autónoma.

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Desde que me licencié en 2011, no he perdido de vista la meta a la que siempre he aspirado; todos mis esfuerzos han sido dirigidos, directa o indirectamente, hacia el único propósito de poder llegar a formar parte del gremio de los traductores autónomos profesionales.

En primer lugar, empecé traduciendo para Organizaciones No Gubernamentales y otras organizaciones sin ánimo de lucro, colaborando con plataformas como TED.com, traduciendo esporádicamente para alguna que otra agencia de publicidad, agencias de traducción, y para algunos clientes privados.

Después vino wordinc Gmbh, y con ello  la adquisición masiva de conocimientos y experiencia: aprendí a utilizar Wordfast, así como todas las versiones de Trados más usadas en la actualidad (Trados 7, Studio 2009 y Studio 2011); aprendí a analizar las exigencias y los gustos de cada cliente para adaptar a ellos las traducciones (porque “der Kunde ist König” en alemán, “the client is the boss” en países angloparlantes y, por supuesto, para nosotros el cliente también manda); y he conocido, gracias a la observación y el análisis, el funcionamiento de cada una de las partes que conforman el mundo de la traducción (clientes, intermediarios, traductores y revisores).

Todo este aprendizaje, toda esta experiencia acumulada, se han hecho patentes a la hora de la búsqueda de clientes y ha dejado constancia de la gran importancia que se le atribuyen hoy en día y que, de hecho, tienen. Cuando comparo mis cartas de presentación actuales (las cuales, sí, están personalizadas y enfocadas a cada cliente), con las primeras cartas que escribí, me doy cuenta de cómo han madurado y de cómo ahora transmiten seguridad y saber hacer, cosa que también parecen haber notado los destinatarios (…).

De modo que me encuentro metida de lleno en el camino de la autonomía, en una senda ardua pero que, sin duda, se puede recorrer con esfuerzo y afán de superación. No sé si la sensación de haber tomado la decisión correcta es sólo fruto del encargo de casi 6000 palabras sobre energía solar térmica con el que ha empezado este nuevo camino ;), o si se debe a mi positivismo innato. No obstante y en todo caso, creo que casi todo es alcanzable y que (viva la sabiduría popular) “quien la sigue, la consigue”.

Animo a todos los que tengan esta misma aspiración a seguir adelante y a no darse por vencidos, porque “quien siembra, recoge”, y, como dijo Gandhi: “un esfuerzo total es una victoria completa”.